ENCUESTAS Y ACTIVIDAD POLITICA
Un instrumento válido y su mal uso
La búsqueda de la opinión pública - Observaciones sobre los debates actuales ¿Cuál es la opinión pública? ¿Realmente existe? ¿Dónde está la diferencia entre opinión pública y opinión publicada? Preguntas que interesan igualmente al público en general, a los políticos en especial y a los expertos de esta área: los opinólogos desde el punto de vista profesional.
No basta comparar actualmente las diferentes teorías de la ciencia de la comunicación al respecto, o los desarrollos académicos, sino contrastar, más que nunca, estos avances con la realidad, en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Mientras tanto, las encuestas han tomado un lugar tan preponderante en el debate diario, como instrumento de planeamiento y como herramienta de la guerra publicitaria, ante lo cual nadie puede quedar indiferente. Recientes debates muestran que para el uso político de sondeos de opinión dentro de una democracia hay, por lo menos, tres aspectos claves:
el desarrollo de la técnica de realización de encuestas, para estudiar la opinión pública;
el uso de este instrumento por parte de los políticos, y
la forma de la transmisión de la información lograda para un publico más amplio a
través de los medios de comunicación.
Cada vez es más difícil hoy en día tener un panorama más o menos amplio de la realidad solamente a través de la observación personal o de diálogos con los conocidos. Dependemos de instrumentos para conocer qué pasa en la sociedad, para nos muestren tendencias, cambios, evoluciones o revoluciones sociales. Estar pendiente de estos desarrollos no es para el individuo puro capricho: Teorías acerca de las características de la convivencia social muestran suficientemente la importancia de estar al día para los que viven en una comunidad o en una sociedad. Ha quedado suficientemente probada la teoría que el ser humano en general intenta vivir en cierta concordancia con su ambiente y que no quiere aislarse de su entorno social. En comunidades pequeñas era fácil captar las normas y las reglas vigentes que no se podían romper sin riesgo de ser excluido. Estas normas sirven, tanto como código mínimo de convivencia así como de cierto control social que permite fortalecer los lazos internos de una comunidad y actuar en conjunto. Pero en la sociedad de masas es mucho más difícil entenderlas en cada momento: hay tantos estilos de vida, tantos conceptos de autorealización, además de micro y macro comunidades, que también pueden debilitar o invalidar estas normas.
La fragmentación de las sociedades deja abierta la pregunta si todavía existen las normas, la opinión pública o si solamente se podría hablar de ciertos códigos grupales. De todos modos: Para la observación de ambas el individuo depende de ayuda de afuera. La encuentra en los medios de comunicación y en las encuestas que en gran cantidad y con diferentes fines se pueden ver en cada momento.
La imagen que uno tiene de la opinión pública puede influir bastante en las decisiones que uno toma, por ejemplo en el momento de elecciones.
Sin saber lamentablemente la ciencia de la comunicación no solamente es joven, sino que no está claro si se trata de una ciencia concreta los efectos exactos, hay sin embargo teorías y experiencias suficientes que indican que hay que prestar mucha atención. Puede ser que por ejemplo, haya gente que de acuerdo con el efecto bandwaggon quieran acompañar al supuesto ganador y votan por quien aparece como tal en los medios y en las encuestas. Es posible que, por otro lado, existiera un efecto misericordia. Tal vez los seguidores del candidato fuerte en las encuestas en el momento de la elección simplemente se quedan en casa, suficientemente seguros del triunfo. O también este podría ser el caso de una supuesta minoría que se siente desmoralizada por tanta desventaja preestablecida.
El voto táctico es otro aspecto. En países como Alemania, donde los partidos necesitan un mínimo de 5 por ciento de los votos para lograr representación parlamentaria, el pronóstico de un 4,7 por ciento para un partido igualmente puede movilizar a sus seguidores, hacerlo traspasar la barrera o causar la deserción de los electores de un partido minoritario que consideran sin chances y votan un partido cercano para no perder influencia y evitar tal vez un mal mayor. Este es en Alemania el eterno debate sobre los votos prestados (Leihstimmen) con los cuales los democratacristianos o los socialdemócratas, respectivamente, ayudan a sus socios pequeños: los liberales o los verdes. También para los ex comunistas del PDS este mecanismo fue clave para la movilización de su gente con el fin de lograr el cinco por ciento. En este caso la percepción sobre el resultado previsto cumplió un rol clave.
Los medios de comunicación solos o encuestas equivocadas solas, por sí mismas, probablemente no lograrían convencer a la opinión pública de una imagen que no se corresponde en nada con la realidad. Sin embargo, hay pruebas de que a veces la mayoría de la población se equivoca fuertemente sobre la real distribución de opiniones dentro de la misma población, es decir sobre la pregunta: en dónde realmente se encuentra la mayoría en ciertos temas. En Alemania, después de la reunificación hay amplios segmentos de la población en la parte oriental del país que afirman que, personalmente, se encuentran mejor en aspectos económicos. Sin embargo, preguntada esa misma población cómo es la situación económica en general abstrayéndose de su situación personal, una gran mayoría está convencida de que la mayor parte económicamente se encuentra peor. Típico caso para una pluralistic ignorance como lo llaman los comunicólogos.
Aquí las encuestas pueden funcionar como un contrapeso frente a una concordancia en la información de los medios de comunicación que seleccionan sus noticias e historias bajo los mismos estándares profesionales. Cuando en los medios, especialmente en la televisión con sus fuertes imágenes, uno ve noticias sobre el desempleo, ilustradas por las tristes historias de los desempleados y de regiones con alto índice de desocupación, se forma una imagen de la realidad, no obstante, las experiencias personales que uno tiene tal vez son distintas. Pueden así existir casos en donde los resultados de encuestas desautorizan a la corriente común de la información mediática. De ahí resulta la relación odio- amor que a veces se observa entre los periodistas frente a los opinólogos. Los primeros, por lo menos subconscientemente reclaman el monopolio de transmitir la realidad y poner la agenda de prioridades (agenda setting y agenda building). Para lo cual también usan encuestas, aunque a menudo en forma ilustrativa para fundar mejor una opinión en un punto de vista. Sin embargo, no les gusta si se muestra que las prioridades de la población son otras que las de los medios. Estudios han mostrado que, en general, los temas que levantan los medios, al poco tiempo suben en la atención del público y en la valorización de qué es realmente importante. Este predominio requiere una instancia contrastante. Para cumplir con este rol la investigación demoscópica obviamente necesita reunir un par de requisitos.
Fueron en los Estados Unidos donde el instrumental demoscópico fue desarrollado en este siglo con mas énfasis. Las famosas encuestas de Gallup, que curiosamente con su fracaso en las elecciones presidenciales del año 1948 lograron plena atención también en Europa, fueron seguidas luego por pioneros como Elisabeth Noelle-Neumann en el Instituto de Demoscopía en Allensbach (IfD), adaptando esas técnicas a la realidad alemana, desarrollaron nuevos instrumentos y más tarde abrieron puertas para métodos empíricos en las facultades de comunicación de las universidades,
especialmente en Maguncia. Esta combinación de la investigación en institutos privados, que tienen que vivir de sus resultados, y obviamente un fuerte énfasis en el análisis del mercado para fines del marketing, junto con la investigación universitaria fue probablemente responsable de grandesavances. El archivo del IfD hoy en día es un tesoro para cualquier investigador que quiera estudiar los cambios dentro de la sociedad alemana en las últimas décadas. La repetición de las mismas preguntas por un largo periodo de tiempo permite ver desarrollos que las impresiones del momento de una sola encuesta nunca podrían brindar. A pesar de un cierto escepticismo frente a métodos empíricos que utilizó la ciencia social en la Alemania de la postguerra, en la actualidad hay varios núcleos en diferentes universidades que saben usar la metodología y la usan inclusive dentro de muchos trabajos de tesis, beneficiando el desarrollo científico y ampliando el banco de datos sobre muchísimos temas socialmente relevantes.
Esto permitió, por ejemplo, a Hans Mathias Kepplinger observar a largo plazo, entre 1966 y 1982, el desarrollo de una creciente desconfianza de la población hacia sus políticos mostrada en las encuestas con datos sobre análisis de contenido de diferentes medios de comunicación. El resultado, solamente para mencionarlo aquí, fue por lo menos sorprendente. No es que haya sorprendido el aumento de la cobertura negativa sobre la política en todos los medios en las últimas décadas, en cambio sí causó cierta sorpresa que en la mayoría de los casos no fueron los periodistas
mismos los causantes de las articulaciones al respecto sino los políticos. Su forma de criticar al adversario obviamente contribuyó al desprestigio de toda una clase (compárese Kepplinger, Hans Mathias 1998).
Esta vinculación hace falta especialmente en América Latina, como Carlos Huneeus recientemente se lamentó en un seminario de la Fundación Konrad Adenauer realizado en Chile sobre campañas electorales. Esta es una de las razones para Huneeus por la cual no existen investigaciones a largo plazo que permiten comparaciones. No existen, según el encuestador chileno, suficientes discusiones metodológicas. A veces simplemente se copian métodos desarrollados afuera y no siempre aptos para las realidades latinoamericanas. En el mismo sentido apunta la crítica de Hartmut Hentschel, director del instituto Demoskopia en Buenos Aires, quien mencionaba en el mismo seminario fallas fundamentales en la realización de encuestas: la falta de independencia por parte de muchos institutos, metodologías deficientes, fallas en las muestras y en la representatividad, errores en la formulación de los cuestionarios. Hentschel cuestionó igualmente el uso de encuestas telefónicas en muchas partes de América Latina: la distribución de teléfonos no siempre está igualmente distribuida en todos los estratos de la sociedad, lo cual provoca una sobrerepresentación de las clases medias y altas. Igualmente muchas encuestas benefician demasiado a las grandes ciudades, especialmente a la capital del país. A estos problemas añadió errores que pueden resultar de la composición y el entrenamiento de los encuestadores. No habría que dar a un solo individuo una cantidad grande de entrevistas. Para Hentschel la inexactitud, por no decir la posibilidad de falsificaciones, aumenta con el número de cuestionarios por entrevistador. En Alemania, por ejemplo, institutos serios no trabajarían con más de siete o diez encuestas por encuestador dentro de un mismo estudio. Y estas fueron solamente algunas de las críticas más graves. Es obvio: con la simple forma de preguntar uno puede desviar las respuestas en cualquier dirección u obtener las respuestas que el en la mayoría de los casos cliente quiere. Hasta el orden de las preguntas dentro del cuestionario puede ser decisivo. En la Alemania de la guerra fría, por ejemplo, un test del IfD mostró lo antes mencionado: las respuestas de la población alemana respecto a su simpatía o antipatía por los Estados Unidos variaban significativamente cuando la pregunta anterior era referida a la simpatía o antipatía por la Unión Soviética. La simpatía por Estados Unidos aumentaba enormemente cuando antes el entrevistado era preguntado por su rival comunista. La simpatía era menor cuando simplemente se evitó la pregunta acerca de la Unión Soviética en un grupo paralelo.
Formular un cuestionario es un arte, como me mostraron experiencias en Allensbach mismo. Siempre hubo un grupo interdisciplinario responsable de esta tarea, compuesto por matemáticos, sociólogos, psicólogos, comunicólogos y otros profesionales más. Siempre hay un largo trabajo pre-test con grupos de control para ver qué influencias pueden tener diferentes frases, palabras, o el simple orden de una pregunta. En esta fase, los participantes de la conferencia de cuestionario, hasta la jefa del instituto participaban como encuestadores para lograr sus propias experiencias con las reacciones del público, para luego poder mejorar el conjunto de las preguntas. Obvio: todo esto cuesta tiempo y dinero, recursos siempre escasos. Pero parece que un criterio más profesional es también una buena inversión: en la validez de las investigaciones, en la confianza de los clientes y en el prestigio del instituto. Si no se logra este profesionalismo sigue vigente lo que dice el asesor político German Manga: Con las encuestas es como con las morcillas. Gustan hasta que uno sabecómo están hechas.
Obviamente hay dos aspectos: uno metodológico y otro ético. Puede ser que algunos institutos simplemente carecen de la profesionalidad suficiente para realizar encuestas válidas, mientras otras saben cómo hacerlo pero lo evitan por razones ajenas. La consecuencia igualmente es grave: la credibilidad de los institutos y de la profesión, pero también la confianza en métodos empíricos de la ciencia social se puede debilitar y obviamente está debilitándose, por lo menos entre el público informado que ya no cree cualquier cifra de cualquier instituto. No creas en ninguna estadística que no hayas falsificada tú mismo, es un dicho popular en Alemania. Hasta existe un libro con el título: Mentir con cifras.
Los beneficios de datos válidos para cualquier político parecen ser obvios. Con una encuesta válida puede obtener una imagen clara sobre qué piensa la gente, clave para alguien que quiere ganar elecciones en una democracia, basada en la aprobación de los gobernantes por la opinión pública. La demoscopía permite no solamente tener una impresión de la imagen propia que tiene en el público independientemente de la opinión normalmente favorable de un entorno acrítico o la opinión publicada de los medios sino también de las fuerzas y debilidades del adversario. Permite entender desde qué siente el ciudadano frente a ciertos temas y opciones, hasta cuál es el vocabulario adecuado en una campaña de comunicación para persuadir a potenciales electores. Datos precisos son claves en el momento de tomar decisiones. Ninguna campaña comunicativa puede corregir totalmente fallas en el análisis de la situación. Como ya sabía uno de los padres fundadores del asesoramiento político, Joseph Napolitan: Una estrategia correcta puede sobrevivir a una campaña mediocre, pero hasta una campaña brillante puede fracasar si la estrategia es equivocada. (Napolitan, Joseph: 1995: 15) Esto no quiere decir que el político debe mirar a las encuestas y seguir lo que supuestamente quiere la mayoría. Una actitud como ésta no solamente mostraría carencia de liderazgo: hasta para el más grande oportunista esto probablemente traería problemas con su propio partido y a mediano plazo con el electorado. Sin embargo es útil como un sismógrafo el análisis permanente de tendencias de opinión pública. Dick Morris ha descrito esto muy bien mencionando su importante trabajo en la campaña para la reelección de Bill Clinton, él un hombre del centro, pragmático pero no sin convicciones afirma: La mejor metáfora en la que puedo pensar es la de un velero. No puedes decidir simplemente ir desde aquí hacia allá en línea recta. Esto es una democracia, no tienes motor; no puedes simplemente ordenar un recorte de impuestos o cualquier otro programa mayor. Así que combinas dos elementos para calcular cómo ir de aquí hasta allá: ¿a dónde quieres ir? Y la opinión pública metafóricamente el viento ¿hacia dónde quiere que vayas? Un demagogo no necesita hacer tales cálculos. El simplemente va hacia donde el viento de la opinión pública le dicta. Irresponsablemente levanta sus velas sin buscar dictar la dirección y toma todo el viento que puede para ir tan rápido como sea posible. Un dictador simplemente enciende su motor y parte. Un político inepto ignora el viento, dirige su timón únicamente siguiendo los principios y zozobra valientemente. Clinton no es como ninguno de ellos. El cambia de plan. Consulta las encuestas como si fueran veletas que le indican de dónde sopla el viento. Y luego pide al encuestador que determine qué corriente debe seguir y que lo acerque a sudestino. Navega con esta corriente hasta que se alejó demasiado a la izquierda de su destino. Consulta nuevas encuestas, revierte su plan y esta vez su objetivo está un poco corrido a la derecha. Y llega allí. Termina donde quería estar, en el centro. El siempre llega allí. (Morris, Dick: 1997: 84). Para esta tarea, según Morris, había disponible un presupuesto sin límites, así también para verificar los spots televisivos basados sobre estos análisis con el fin de influir en los segmentos claves de los votantes. Se dice que fue investigada hasta la aceptación que tendría dentro de la población el lugar donde los Clinton planeaban sus vacaciones, (compárese Kornelius, Stefan 1998).
Muchas campañas en América Latina parecen mientras tanto seguir estos consejos. Herbert Taylor, jefe de campaña del Partido Acción Nacional (PAN) de México menciona que hoy en día con un electorado mucho mas volátil es necesario el trabajo quirúrgico, analizando el público cada vez mas fragmentado y los grupos meta de cada medida. Para él la investigación de la opinión pública es una de las cuatro áreas claves para buscar asesoramiento, junto a la parte estratégica, la comunicación y el análisis político. La base clave de la cooperación con estos asesores es la confianza. Taylor: Un asesor es el chef de cocina externo que entra hasta la cocina de la casa y te ayuda a preparar el banquete superando las expectativas de los invitados. Sin embargo, también él lamenta la falta de profesionalismo y más todavía la falta de especialización de institutos y asesores
latinoamericanos para ser realmente útiles en analizar y orientar el trabajo de los partidos. Según él todavía se encuentran demasiados todólogos.
Las señales para la modernización de las estructuras de partidos y sus campañas electorales están claras: se orientan en muchos casos por modelos ya probados en Estados Unidos. Focus groups, encuestas permanentes aunque tal vez no diarias como en algunas campañas en el norte (compárese: Butler, David / Ranney, Austin 1992: 280), encuestas en boca de urna y bancos de datos sobre cualquier aspecto del electorado son cada vez más familiares. Los instrumentos ya conocidos en el marketing comercial ganan su espacio también en el marketing político, apoyado en que muchas empresas de publicidad y de relaciones públicas del primer ámbito actúan también en el segundo. La pregunta es: ¿hasta dónde llega la influencia de estos asesores? Tiene razón Richard Meng cuando dice que para los diseñadores de campañas los programas de los partidos solamente sirven como material crudo que establece un cierto marco de referencia? (Meng, Richard 1997:49) Por algo es que dentro del público y también dentro de la clase política se mantiene cierto escepticismo, especialmente frente al uso de las encuestas en el debate público como parte de la guerra electoral. Dice José Antonio Mayobre: Todos los políticos destacan la total inverosimilitud de las encuestas, excepto la de aquéllas pocas que casualmente favorecen al candidato de su partido, exactamente lo mismo que hacen los medios. (Mayobre, José Antonio, 1996: 242). Las encuestas han ganado en algunos casos una vida propia, lo que difícilmente puede ser controlado por los políticos, ni por los que lo han encargado.
A veces en el debate público se reduce la utilidad de las encuestas, demasiado para su uso cortoplazista, como instrumento publicitario durante la campaña. Se tiene que entender mejor como sacar el mayor provecho de este instrumento, entendiendo sus fuerzas y sus debilidades. Y hay que saber que realmente es un sólido y serio trabajo que también tiene su precio. Además no es una actividad aislada sino algo que debe acompañar permanentemente al proceso político. Nuestra cultura cívica, dice Manuel Mora y Araujo, ganaría muchísimo si los candidatos pusieran menos acento en las encuestas como elemento propagandístico y se concentraran más en hacer uso de ellas en la elaboración y control de las estrategias de campañas. (Mora y Araujo, Manuel 1997).
La modernización en la técnicas no significa que viejas tradiciones estén por desaparecer. Además hablamos de procesos de cambio de larga duración. Frente a la crisis de credibilidad que la política enfrenta en muchos países, seguramente es de igual importancia para sus actores recuperar el contacto directo con la ciudadanía, escuchando sus problemas de cerca y auténticamente. Para ello las encuestas son un medio ideal de acercamiento para sensibilizarse. Pero siguen siendo una técnica. No sustituyen contenido, como Judith Trent y Robert Friedenberg muestran: Utilizar encuestas para determinar cuestiones relevantes sigue teniendo sentido. Utilizar encuestas para sustituir investigaciones y estudios serios y el buen juicio para determinar qué es lo que hay que decir sobre cuestiones públicas es un procedimiento cuestionable. En 1954, cuando las encuestas recién se estaban desarrollando como instrumentos de campaña, el presidente Harry Truman se preguntaba ¿Me pregunto cuán lejos hubiera llegado Moisés si realizaba una encuesta en Egipto? ¿Qué hubiera predicado Jesucristo si realizaba una encuesta en Israel? ¿Qué habría sucedido con la Reforma si Martin Lutero hubiera realizado una encuesta? No son las encuestas o la opinión pública del momento lo que cuenta. Es el buen o mal liderazgo: hombres íntegros y honestos y la convicción en lo correcto lo que determina épocas en la historia del mundo. (Trent, Judith / Friedenberg, Robert V.: 1995: 155).
El uso de encuestas en medios de comunicación en América Latina, pero no solamente aquí, muestra ejemplos de distintas formas de tratamiento: existen casos en que se publican sondeos donde falta por completo cualquier información que permita valorar, al menos en parte, los datos entregados. Para mencionar solamente los interrogantes claves: ¿Quién encargó y pagó la encuesta? ¿Cuántas personas fueron entrevistadas? ¿Cuál fue exactamente la pregunta? ¿Cuál fue el método utilizado en las entrevistas? ¿Durante qué lapso y en qué fechas se realizó el sondeo? ¿Qué margen de error estadístico tiene? Sin estas informaciones siempre queda la sospecha que hay algo que esconder si no es simple negligencia del medio o lo que también se observa falta de conocimiento por parte de los periodistas para entender los datos adecuadamente.
Los medios en su información política también se quedan cortos en su tarea si reducen toda esta información a las cifras más claves del pronóstico electoral, como en Alemania el caso de la conocida pregunta del domingo: ¿A quién votaría usted si el próximo domingo fuese la fecha para la elección? Los datos así logrados, el pronóstico de quién ganaría y con qué margen es una información válida pero también es una impresión del momento. Es preocupante como este aspecto ha ganado mientras tanto ventaja frente a informaciones sobre los contenidos de campañas, sobre las propuestas de los candidatos, sus coincidencias y sus diferencias.
Para los medios, obviamente, las encuestas son una gran oportunidad para despertar el interés del público, presentando la campaña como una carrera de caballos. Satisfacen las necesidades especialmente de la televisión de reducir complejidad. Doris A. Graber describe el dilema para los medios en los Estados Unidos: Es extremadamente dificultoso para los medios engarzar la preferencia del público por historias simples y dramáticas con la necesidad de presentar suficiente información útil para tomar decisiones acerca de cuestiones específicas. Información que puede ser crucial para decisiones electorales es a menudo demasiado compleja y técnica para gran parte de la audiencia. (Graber, Doris A.:1997: 245). Queda la salida de personalizar, concentrarse en la vida privada de los candidatos, dramatizar o reducir todo a la competencia de cifras. Desde 1968 hasta la fecha la cantidad de encuestas transmitidas por la televisión estadounidense se ha triplicado (compárese Kubey, Robert /Fitzgerald, Vincent M. 1996). Capella y Hall Jamieson citan datos de Thomas Patterson de la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard con datos de los Estados Unidos: Desde 1988 hasta 1992 la cobertura de elecciones del tipo carrera de caballos en los noticieros de la noche aumentó del 27 al 35 por ciento. Las encuestas de seguimiento lograron 33 por ciento más en 1992. La cobertura política que era del 40 por ciento en 1988 se redujo a 33 por ciento en 1992. (Capella, Joseph N. / Hall Jamieson, Kathleen: 1996: 74). En la primera página del New York Times durante la campaña de 1960, un 50 por ciento de los artículos trató de posiciones concretas de los candidatos, en 1992 este porcentaje ha disminuido a menos de 20 por ciento. Mientras tanto, las noticias que siguieron el esquema del juego electoral, tratando estrategias o datos de encuestas aumentaron en el mismo lapso de un 45 a un 80 por ciento (compárese Schulz, Rüdiger 1996: 55).
No es solamente el predominio de los resultados de encuestas en la información lo que preocupa, sino también su contenido. No puede ser que por simples razones estadísticas en el mismo día de una campaña electoral diferentes encuestas dan a los candidatos claves puntajes que varían en más de un diez por ciento como sucedió en las últimas elecciones en Venezuela. Para Perú, Fernando Tuesta Soldevilla constata algo similar: Gran parte del periodismo peruano es de opinión, ejercicio delicado que hace que muchas veces se cruce la frontera hacia un periodismo de propaganda, en donde las encuestas sólo son instrumentos de influencia política. Esto ha llevado a que los medios demanden encuestas para convertirlas en noticias, sin el previo control de calidad y experiencia de la empresa que entrega los trabajos. En ese sentido incurren en una flagrante irresponsabilidad. (Tuesta Soldevilla, Fernando 1997:101) Para otros países hay pruebas que en momentos de campaña son activadas empresas fantasmas que distribuyen datos poco serios y después de la campaña desaparecen.
Aquí uno olfatea desde lejos la intención que no tiene nada que ver con datos y exactitud. Es lamentable que medios de comunicación dentro de la guerra de las encuestas se presten a esta maniobra barata de campañas electorales y se dejen instrumentalizar para los fines de una candidatura en especial. Y es lamentable también, si existen políticos que siguen pensando que de esta manera se puede ganar. Dice Roberto Corella: La guerra de las encuestas es parte sustancial de toda campaña electoral. Los partidos políticos, cuando no son favorecidos con resultados positivos, las critican severamente y cuando les son favorables estos resultados se convierten en la punta de lanza de su propaganda. (compárese Corella, Roberto 1998). Uno se puede imaginar que esta forma de competir entre los partidos políticos es uno de los elementos que contribuye bastante al desencanto general que se ve en todas partes frente a las instituciones políticas establecidas.
Algunos medios líderes en su mercado son, mientras tanto, ellos mismos los que encargan encuestas de calidad para su uso exclusivo, prestando atención a que las mismas preguntas sean repetidas en las mismas circunstancias para permitir analizar desarrollos. Usan el instrumento para detectar temas, preocupaciones e intereses de su público, con el fin de atender mejor sus preferencias y necesidades informáticas. La tarea para los medios también puede y debe consistir en sensibilizar a su público respecto a los límites y las oportunidades del instrumento de la demoscopía. Creo que es posible capacitar al público para que entienda mejor y también pueda usar mejor los resultados de los sondeos de opinión para su propia orientación. Es por algo que el periódico más prestigioso de Alemania, la Frankfurter Allgemeine Zeitung publica cada mes media página del IfD sobre el clima de opiniones en el país y que su par, la Süddeutsche Zeitung, haga lo mismo con los datos del Barómetro Político que también una vez al mes es transmitida por la emisora ZDF de televisión después de su noticieron central. Orientación sin demasiados filtros es algo a lo cual el ciudadano tiene derecho. Como se ha dicho al comienzo de este trabajo: entender bien su ambiente social, desde el punto de vista psicológico, puede ser tan clave para la sobrevivencia del individuo como la buena alimentación lo es para su cuerpo.
Con las encuestas es como con las morcillas. Gustan hasta que se sabe cómo están hechas. Estas palabras del asesor político colombiano, Germán Manga, muestran con qué tiene uno que contar cuando se acerca a la opinión pública y su investigación, no solamente en América Latina. Desde la consideración de las fallas y límites profesionales de los encuestadores y de la falta de criterio por parte de los que encargan encuestas, hasta la instrumentalización partidaria y un tratamiento inadecuado de sus resultados en algunos medios, el presente texto trata de analizar un campo que cada vez gana más importancia en el debate público. Especialmente en tiempos electorales trasciende la polémica, no siempre fundada en un amplio conocimiento de métodos empíricos. Aunque la opinión pública y la opinión publicada son cosas distintas, las influencias mutuas hoy en día son obvias.
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Frank Priess
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